miércoles, 23 de febrero de 2011

DESPERTAR


Cada despertar es como un nuevo comienzo, una ranura abierta a lo psíquico, encuentro ecuménico que se cierne sobre la vida de cada individuo. Resplandeciente, aniquilador, propagándose como un haz de luz estridente, renace el hombre a la vida, perpetuando su humanidad.

La mañana era soleada y las primeras flores de la primavera había aparecido en el jardín, los misterios de la mirada cautivaban el destierro del alma y, sin embargo, la flagrante tenacidad por vivir, se concentraba, posesiva, entre mis manos.

Hoy es miércoles, el viento casi ni se percibe, la rabia y el desolador rumor del mundo son más destructivos que el viento. Enciendo la televisión en un intento de contagiarme del sabor de los hermanos hombres. Mientras me ducho, escucho gritos, quejas, aullidos, bombas que con insidiosa persistencia llegan a mi íntimo rincón de pureza.

Sí, el agua sobre la piel, el jabón recorriéndome minuciosamente, la pendiente gravitatoria de su caída; el mar, qué fácil es recordar el mar en cada despertar.


*Autora de la foto, Carmen Salamanca.

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